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Alimentación durante el embarazo y la lactancia.

Alimentación durante el embarazo

El papel del dietista-nutricionista en el manejo nutricional durante el embarazo y la lactancia va a ser clave para la correcta programación fetal y desarrollo del futuro bebé, así como para garantizar el bienestar y la salud de la madre gestante.

Por lo que respecta al desarrollo del embarazo, el/la dietista-nutricionista debe atender e informar de forma respetuosa e individualizada a la madre gestante sobre cualquier aspecto relacionado con la alimentación y que pueda comprometer a su salud y a la del futuro bebé.

En cuanto al trabajo en consulta, algunos de los parámetros antropométricos serán de gran utilidad para el seguimiento del mismo. Podemos hacer uso del Índice de Masa Corporal (IMC) para establecer un diagnóstico y predecir la ganancia de peso, reincidiendo en aquellas mamás con bajo peso y sobrepeso u obesidad, dado que puede tener consecuencias negativas sobre el bebé tales como el riesgo de parto prematuro o retardo del crecimiento intrauterino, en el primer caso y, el aumento de la grasa corporal o la inflamación, en el segundo caso.

Por otra parte, también serán de interés algunos colectivos de riesgo como las mamás consumidoras de alcohol, tabaco u otras drogas; mamás vegetarianas con una planificación dietética deficiente; gestantes adolescentes menores de 15 años; mamás diagnosticadas con anemia y/o hematocrito bajo; mamás que siguen planificaciones restrictivas o “DETOX”; embarazo múltiple; antecedentes como parto pre-término; entre otros.

Así pues, podemos hacer uso de las tablas disponibles de ganancia de peso por semana o a lo largo del embarazo proporcionadas por el Institute Of Medicine (IOM) (Institute Of Medicine, 2009). No obstante, dicho parámetro lo usaremos únicamente como referencia del estado o evolución de la mamá gestante, evitando cualquier situación que genere estrés y reincidiendo, principalmente, en la reeducación alimentaria y en la adquisición de buenos hábitos dietéticos y de estilo de vida basados en los últimos estudios científicos, alejándonos de los dogmas o falsas creencias.

En cuanto al manejo de nutrientes a tener en cuenta, a continuación se muestra una infografía con algunos aspectos de interés:
Se debe hacer especial hincapié en el consumo de carnes crudas o curadas, cuyo consumo se desaconseja durante el embarazo por riesgo de toxoplasmosis en embarazadas no inmunizadas previamente frente a este parásito. Tampoco se recomienda el consumo de pescados ahumados por riesgo de listeriosis y se deberá limitar el consumo de pescados azules y de gran tamaño como el atún rojo, el pez espada, el bonito y el salmón, debido al contenido de metales pesados (cadmio y mercurio) acumulados en el mismo a lo largo de la cadena trófica. Por otra parte, otra de las medidas de profilaxis a aplicar es el correcto lavado de las frutas y verduras antes de su cocción o ingesta.

En cuanto a la cantidad de agua, la recomendación oficial de la Organización Mundial de la Salud (WHO, 2001) es la de beber en función de la sed, a excepción de casos de oligohidramnios, diarrea, fiebre o estreñimiento, cuya ingesta será reajustada.

Centrándonos en la suplementación vitamínica, se recomienda la suplementación con vitamina B12 (1000 μg/1 o 2 veces/semana) y ácido fólico (400 μg/día) almenos 1 mes antes de la concepción y durante el embarazo. El resto de las vitaminas no será necesario suplementar dado que se cubrirán a través de la ingesta.

Por otra parte, en cuanto a los minerales, cabe prestar especial atención al yodo. Su ingesta recomendada durante el embarazo se puede obtener a partir de 2 g/día de sal yodada o 3 R de lácteos al día de agricultura no ecológica. Otra fuente de yodo son las algas marinas, no obstante, se descarta por completo su consumo dado que presenta una fuente excesiva de este minera que puede llegar a ser perjudicial, tanto para el bebé como para el correcto funcionamiento de la tiroides en la mamá gestante. En cualquier caso, para asegurar su ingesta si no se desea consumir este tipo de alimentos (sal o lácteos) se recomienda suplementar su aporte con yoduro potásico (200μg/día).

Llegado a este punto, la suplementación de estos tres componentes es de gran importancia dado que es lo que permitirá asegurar un correcto desarrollo y crecimiento fetal y del futuro bebé.

Además de tener en cuenta dichos aspectos a abordar en las sesiones de educación alimentaria de las consultas, es importante conocer cuál puede ser la sintomatología derivada del estado para individualizar de la forma más adecuada el tratamiento y adaptar el manejo nutricional según necesidades. De este modo, para el caso de náuseas y vómitos, se recomienda realizar 5-6 tomas al día pero poco copiosas; evitar cocinar con sal y condimentos muy fuertes y frituras; y, elegir carbohidratos de fácil digestión como es el arroz. No se recomienda beber durante las comidas, sino más bien entre las mismas. El uso de cítricos (pomelo, naranja, limón) en el agua mejoraría su tolerancia. En cuanto a las medidas a adoptar frente a la pirosis, serán las mismas que en el apartado anterior, sumándole algunos consejos tales como evitar acostarse después de comer, aumentar de peso de manera adecuada, evitar prendas ajustadas y no fumar.

Para el tratamiento del estreñimiento y/o aparición de hemorroides y calambres, se aconseja aumentar el volumen de líquidos diarios, promocionar el consumo de alimentos ricos en fibra y el ejercicio físico diario de almenos 30 minutos, evitar estar de pie o sentada largos períodos de tiempo y descansar sobre el lado izquierdo para mejorar la presión venosa.

No está comprobado científicamente que el uso de plantas medicinales pueda ayudar a la disminución de dichos síntomas mencionados. No obstante, se promocionará un consumo responsable (de no más de 4 tazas/día) y se incidirá en evitar el alcohol, la cafeína (no más de 300 mg/día), la nicotina y los edulcorantes, aplicando el principio de precaución, dado que podría alterar la flora intestinal (Suez et al., 2014).

Durante el transcurso del embarazo pueden desarrollarse algunas patologías tales como la diabetes gestacional, la toxoplasmosis y la listeriosis y trastornos de la conducta alimentaria como el rechazo a algunos alimentos, los antojos y la pica. En estos casos, será importante personalizar y adaptar las recomendaciones previamente estudiadas con el fin de prevenir, controlar y tratar dichas condiciones.

Alimentación durante la lactancia

Algunas consideraciones a tener en cuenta se describen a continuación. El manejo de la alimentación durante la lactancia materna no será muy distinto al de aquellas personas que quiera comer de forma saludable y que no estén en una condición de amamantar. De este modo, no se deben limitar ni eliminar alimentos sin razón alguna. No obstante, en función del cuadro sintomático del bebé se podrá realizar una readaptación alimentaria como es el caso de limitar los lácteos, en el caso de molestias gastrointestinales en el lactante, dado que podría existir cierta correlación.

Respecto a la ingesta de energía, hidratos de carbono, grasas y fibra, será similar a la del resto de la población, respetado las señales de hambre-saciedad. Además, se seguirá suplementando el yodo y la vitamina B12 unos meses después del parto. Únicamente se prescribirá hierro en caso de anemia y se limitará el consumo de pescado grande por acumulación de cadmio y mercurio.

En nuestra consulta deberemos romper con la tendencia de los mitos establecidos en nuestra sociedad, apoyando y ayudando a las mamás que amamantan durante todo el proceso para que dicho proceso se desarrolle con normalidad y con las mínimas dolencias posibles, evitando el tabaco, el alcohol y los regímenes hipocalóricos. Hasta el momento, la evidencia científica apunta a que el aumento de la producción de leche se debe a la mayor succión y no, por lo contrario, a la ingesta de ciertos alimentos como la cerveza, el pescado azul, la leche, los frutos secos o ciertas infusiones.

Sabemos que la salud futura del bebé se empieza a programar mucho antes de su nacimiento, por lo que los dietistas-nutricionistas jugamos un papel potencialmente importante en estas etapas, sirviendo de guía y apoyo para instaurar unos correctos hábitos de estilo de vida.